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Revisión sistemática de la evidencia científica


1. Concepto
La revisión sistemática de la literatura científica (RSEC) es una metodología que permite conocer de la forma más objetiva posible, por una parte, que un procedimiento determinado -ya sea preventivo, diagnóstico, terapéutico o de rehabilitación- ha demostrado científicamente tener un efecto positivo sobre el curso de la enfermedad a la que se aplica -es decir, su eficacia- y, por otra, el riesgo para la persona -o para la población- que puede tener ese procedimiento -es decir, su perfil de seguridad-. Además de la eficacia y de la seguridad, también se puede conocer su efectividad, es decir el efecto de un determinado procedimiento en la práctica médica habitual y no solamente en las condiciones ideales determinadas por los estudios controlados y aleatorizados. Asimismo, otros aspectos tan o más importantes que los relacionados con el efecto del procedimiento, como su eficiencia o su equidad, también pueden ser estudiados mediante la RSEC. El objetivo último de la RSEC es pues informar los procesos de decisión en sanidad con el propósito de contribuir a la mejora de la calidad de la atención sanitaria.
Lo que se quiere revisar sistemáticamente es todo aquel conjunto de conocimientos científicos que han aparecido, que se han hecho públicos, que se han manifestado a la comunidad, en relación con el procedimiento o técnica objeto de estudio.
Sin subterfugios lingüísticos, el propósito de la RSEC es revisar sistemáticamente toda la evidencia científica con relación a un determinado tema de salud, ya sea condición clínica, tecnología o binomio tecnología-condición clínica. Además, según lo que se va a detallar a continuación, este método tiene la propiedad de ser explícito, puesto que se detalla el proceso metodológico de cómo se ha llegado a las conclusiones de la RSEC, precisamente para que pueda ser replicado, o bien, criticado.

2. Métodos

La RSEC consta de seis fases o etapas (Tabla 1):
1) búsqueda de la evidencia científica.
2) clasificación de esta evidencia científica.
3) presentación de la misma.
4) síntesis.
5) integración.
6) elaboración de conclusiones y recomendaciones.

En un séptimo paso es preciso incluir la diseminación de las conclusiones y recomendaciones para que la RSEC pueda cumplir el objetivo para el cual se llevó a cabo: es decir, mejorar la calidad del proceso de atención sanitaria. Además, la diseminación de las conclusiones y recomendaciones debe servir también para que éstas puedan ser reproducidas (como corresponde a todo proceso científico) y, por lo tanto, confirmar la validez de los resultados; o bien, para que puedan ser cuestionadas corrigiendo errores o aportando conocimiento nuevo. En este sentido, hay que decir que una vez se han emitido unas recomendaciones, a través de una RSEC, estas no perduran estables en el tiempo. Por lo tanto, la caducidad de los resultados, por el avance constante del conocimiento, es una de las limitaciones de la RSEC y que encuentran su solución en la actualización periódica. La ventaja es que para actualizar la revisión solamente hay que hacerlo a partir del año en que unas conclusiones de la RSEC se hacen públicas y no repitiendo todo el proceso de revisión desde el inicio.
Empecemos no obstante, por el principio. La primera fase de la RSEC es la búsqueda de la evidencia científica, que puede ser directa o indirecta. La evidencia científica directa se refiere a los resultados de los estudios científicos específicos que han sido diseñados con el mismo objetivo que el específico de la RSEC que se quiere realizar -por ejemplo, el estudio de la eficacia de un determinado fármaco-. El término evidencia científica indirecta hace referencia a la información que proviene de los registros de las bases de datos clínicos, administrativos, epidemiológicos o económicos y que han sido recogidos con un propósito diferente a la RSEC que se quiere llevar a cabo. Para la búsqueda de la evidencia directa se acude a las diversas bases de datos bibliográficos y a la literatura gris con tal de localizar todos los estudios científicos referidos a un procedimiento en concreto o a un problema sanitario. Una vez identificados los estudios científicos hay que proceder a su cribado según la calidad científica, es decir, la clasificación de los niveles de evidencia científica. Los criterios que determinan esta calidad provienen del campo de la epidemiología y tienen en cuenta, sobre todo, el diseño del estudio. En este sentido, las escalas de la clasificación de la evidencia científica (Tabla 2) son instrumentos genéricos que constituyen una herramienta para ayudar a esta clasificación según la calidad y que tienen por objetivo garantizar la validez interna del estudio. Existen varias tablas que proponen niveles de evidencia científica, publicadas en la literatura internacional, Fundación Ostomía, se inclina a utilizar una de las más sofisticadas, elaborada por Jovell y cols., además en el contexto hispano.

TABLA 1
Etapas de una revisión sistemática de la evidencia científica (RSEC)

Fases de una RSEC enumeradas cronológicamente
1.Búsqueda de la evidencia científica
  directa: estrategia de búsqueda bibliográfica
  indirecta: estrategia de búsqueda de datos locales
2.Clasificación de la evidencia científica
  Instrumento genérico: escalas de evaluación de la evidencia científica
  Instrumento especifico: calidad de los estudios individuales
3.Presentación de la evidencia científica: tablas o matrices de evidencia
4.Síntesis de la evidencia científica: metaanálisis
5.Integración de la evidencia científica directa e indirecta
  Análisis de idoneidad
  Análisis de decisiones
  Análisis económica
 
  • Análisis de políticas sanitarias
  • Análisis del impacto social
    6.Elaboración de recomendaciones basadas en la evidencia científica
      Práctica profesional
      Políticas de salud pública
      Guías de práctica clínica
      Protocolos clínicos
    Jovell AJ. La evaluación de tecnologías sanitarias en la Atención Primaria. MEDIFAM 1999- 9:102-109 

     

    TABLA 2
    Escala de evaluación de la evidencia científica de la Agencia d'Avaluació de Tecnología Medica (AATM)

    Niveles Calidad EC Tipo de diseño del estudio Condiciones de rigor científico*
    I Buena Metaanálisis de estudios controlados y aleatorizados Análisis de datos de pacientes individuales Metaregresión Diferentes técnicas de análisis Ausencia de heterogeneidad Calidad de los estudios
    II   Estudios controlados y aelatorizados de muestra grande Evaluación del poder estadístico Multicéntrico Calidad del estudio
    III* Buena Estudios controlados y aleatorizados de muestra pequeña Avaluació del poder estadístic Calidad del estudio Multicéntrico
    IV Regular Estudis prospectius controlats no aleatoritzats Evaluación del poder estadístico Multicéntrico Calidad del estudio
    V Regular Estudios prospectivos controlados no aleatorizados Controles históricos
    VI* Regular Estudios de cohorte Estudios caso-control Calidad del estudio Multicéntrico
    VII*     Apareamiento
    VIII Baja Series clínicas no controladas: Estudios descriptivos: seguimiento de la enfermedad,  
    IX   vigilancia epídemiológica, registros, bases de datosComités de expertos, conferencias de consenso Anécdotas o casos  
    Abreviaturas: EC evidencia científica.
    * Calidad del estudio evaluado mediante protocolos especies y condiciones de rigor científico
    Jovell AJ, Navarro-Rubio MD. Evaluación de la evidencia científica. Med Clin (Barc) 1995;105:740-3.

    Lo que determina principalmente la validez de un estudio y, por lo tanto, que los resultados sean relevantes para poderlos considerar en la mejora de la atención sanitaria, es su diseño. Es por esta razón que las escalas existentes permiten hacer juicios de valor según la validez interna del diseño. Complementando estos instrumentos genéricos, existen los instrumentos específicos que analizan las condiciones de rigor metodológico en función de las características de los estudios de un mismo diseño. En el caso de los estudios controlados y aleatorizados, la escala de Jadad constituye un ejemplo; en el caso de los estudios para la evaluación de la pruebas diagnósticas, los criterios de Irwig son otro ejemplo. Sin embargo, en algunas ocasiones hay quien considera fundamental el tipo de diseño sin entrar mucho en otros aspectos de rigor metodológico, ya sean relacionados con el propio diseño, o bien con el análisis de los datos. Por eso, de las escalas de evaluación de la evidencia científica publicadas, se presenta en este capítulo la que se ha considerado más completa, ya que utiliza para la clasificación no sólo el tipo de diseño, sino también otros criterios de rigor metodológico. No obstante, esta disciplina -como otras-, está en continuo avance y esta clasificación, una vez que todo el mundo se haya familiarizado, y los estudios sean cada vez más rigurosos en su metodología, podrá mejorarse en su nivel de precisión.

    Hay que considerar también, que en estas escalas se tiene en cuenta sobre todo la validez interna del estudio, es decir la homogeneidad de las condiciones de diseño y población de estudio, pero también se ha de valorar la validez externa o capacidad de generalizar los resulta dos fuera de la población de estudio. A pesar de todo, debe decirse que es condición necesaria, aunque no suficiente, valorar la validez interna de un estudio científico y, como tal, esta es la primera que debe examinarse para la evaluación de la calidad de un estudio.

    Una vez seleccionados los estudios en función de su validez interna, deben presentarse de una forma clara y concisa aquellos que son de igual diseño, por ejemplo mediante tablas o matrices de evidencia, resaltando aquellos aspectos más relevantes de la metodología y de los resultados de los diferentes estudios. El objetivo es identificar si la posible variabilidad en los resultados entre estudios individuales es debida a la naturaleza del procedimiento sanitario estudiado, a las características de la población de estudio, o bien a las diferencias en las características del diseño. A veces, lo que se puede observar en estas tablas de evidencia es que estudios de la misma calidad produzcan resultados en diferentes direcciones -positivas versus negativas-. En estos casos, pero no sólo en éstos, resulta útil combinarlos para obtener una medida global cuantitativa que resuma los diferentes resultados del efecto de la intervención sobre una determinada condición clínica. Éste es, precisamente, el propósito de la cuarta fase de la RSEC, la síntesis, que aplica una técnica diseñada para la obtención de estas medidas globales que combina resultados de diferentes estudios; es el denominado metaanálisis.

    Una vez el efecto de un determinado procedimiento o intervención ha sido valorado en condiciones de estudios científicos sobre determinadas poblaciones diana (fases 1 a 4), otros aspectos tan o más importantes que la eficacia y la efectividad tienen que ser tomados en consideración. Así, en la quinta fase de la RSEC habrá que integrar toda la evidencia científica revisada y sintetizada en las anteriores mediante diseños propios de las ciencias sociales. Es en este punto donde entran en juego técnicas como el análisis coste-efectividad, el análisis de decisiones, el análisis ético, o el análisis de las ­aplicaciones legales o del impacto social. Estas técnicas permiten contextualizar los resultados obtenidos en la sociedad o contexto sanitario donde se van a formular las recomendaciones. Dependiendo del tema que se esté estudiando, interesar integrar los resultados para que puedan ser aplicados a una situación clínica específica o a una región concreta, de España o Iberoamérica, por ejemplo, otras veces se tratará de adaptar la intervención o programa a un nivel de atención sanitaria concreto, como podría ser la atención primaria.

    Finalmente, las cinco fases descritas son las que guían la decisión y permiten elaborar las conclusiones y recomendaciones -fase 6 de la RSEC- sobre si es necesario o no aplicar el tratamiento, la estrategia preventiva o cubrir o no una determinada prestación en la población de referencia. Estas recomendaciones estarán expresadas en función del grado de evidencia científica que se ha identificado y analizado en la RSEC (Tabla 3). Así, cuando la calidad de la evidencia científica es buena, se concluirá que existe adecuada evidencia científica para recomendar (o desaconsejar) la adopción de una determinada intervención, fármaco o estrategia de prevención. Y, en el otro extremo, si la calidad de la evidencia científica es baja, los resultados no podrán ser concluyentes y, por lo tanto, se afirmará que existe insuficiente evidencia científica para recomendar (o desaconsejar) la adopción de lo que haya sido objeto de análisis mediante la RSEC. Estas recomendaciones, que siempre deberán explicar en qué grado de evidencia científica se basan, pueden ser válidas para la práctica profesional, constituir guías de práctica clínica o recomendaciones para las políticas de salud pública, dependiendo del tema que haya sido objeto de la RSEC.

    TABLA 3
    Elaboración de recomendaciones basadas en la evidencia científica

    Calidad de la EC Diseños Magnitud de las recomendaciones
    Buena Metaanálisis de estudios controlados y aleatorizados Estudio controlado y aleatorizado de muestra grande
    Estudio controlado y aleatorizado de muestra pequeña (enfermedad poco prevalente)
    Existe adecuada evidencia científica para recomendar (desaconsejar) la adopción
    Regular Estudio controlado y aleatorizado de muestra pequeña (enfermedad prevalente)
    Estudios de cohortes
    Estudios caso-control Ensayo clínico no aleatorizado
    Existe cierta evidencia científica para recomendar (desaconsejar) su adopción
    Mala Series clínicas
    Estudios transversales
    Conferencias de consenso
    Comités de expertos
    Anécdotas (a propósito de un caso)
    Existe insuficiente evidencia científica para recomendar (o desaconsejar) su adopción
    Existe insuficiente evidencia científica para recomendar (o desaconsejar) su adopción
    Abreviaturas:EC = evidencia científica
    Jovell AJ. La evaluación de tecnologías sanitarias en la Atención Primaria. MEDIFAM 1999; 9:102-109

    Para concluir este apartado de metodología sólo añadir que el concepto de RSEC da lugar a dos tipos de interpretaciones complementarias. Por una parte, algunos autores restringen el concepto de RSEC a los resultados de los estudios controlados y aleatorizados y a su síntesis cuantitativa mediante metaanálisis, mientras que, por otra parte, tiene cabida una interpretación más amplia. Esta última es la definida en este capítulo e incluye, como se ha podido ver, otro tipo de diseños epidemiológicos, junto con la utilización de técnicas que proceden de las ciencias sociales, como el análisis económico o el análisis de políticas sanitarias.

    3. Aplicaciones

    Después de haber detallado la metodología de las RSEC, el objetivo de lo que se describe a continuación es el de describir todas aquellas fases de la revisión sistemática ya mencionadas mediante ejemplos de proyectos de evaluación específicos. Cabe decir que la metodología presentada debe adaptarse a situaciones concretas de evaluación según el tipo de problema o incertidumbre que se pretenda analizar.

    En primer lugar hemos descrito la fase de búsqueda de evidencia científica. Para poder conseguir una parte considerable de los objetivos de cualquier proyecto de evaluación, la consulta de la evidencia directa -ya sean investigaciones primarias o las revisiones de éstas- es imprescindible. Sin entrar en detalles en la estrategia de búsqueda es preciso destacar que para responder a preguntas de investigación muy concretas o específicas como las planteadas sobre la eficacia y seguridad, por ejemplo, del tratamiento con agentes trombolíticos en el tromboembolismo pulmonar establecido o en el accidente vascular cerebral isquémico agudo o sobre la eficacia y seguridad del desfibrilador automático implantable versus otras alternativas terapéuticas, se diseñaron estrategias de búsqueda que, a diferencia de las anteriores, se orientaron a seleccionar evidencia directa pero exclusivamente dirigida a identificar estudios del nivel II - III de la escala de evidencia descrita en este capítulo (Tabla 2), es decir, ensayos clínicos controlados y aleatorizados con un tamaño de muestra grande y pequeño respectivamente.

    A veces, los objetivos planteados, requieren la complementariedad de evidencia científica indirecta procedente de otras fuentes de información de menor calidad o validez. Por ejemplo, la escasa literatura médica publicada o disponible sobre la aplicación del láser transmiocárdico, puede plantear la necesidad de complementarla con los datos transmitidos por registros de actividad hospitalarios sobre los resultados de los enfermos sometidos a revascularización con este procedimiento. Otros ejemplos de esta complementariedad son las consultas al Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD). El CMBD, disponible en todas las comunidades españolas y en algunos países iberoamericanos, incluye datos administrativos y clínicos de todas las altas hospitalarias.

    Cuando en la búsqueda de información no se ha podido identificar suficiente evidencia científica, tanto en relación a la cantidad como a su calidad, existe la opción de diseñar investigaciones específicas, complementarias a las anteriores.

    La siguiente fase es la presentación de la evidencia científica. La exhaustividad en esta presentación dependerá de los objetivos definidos en los estudios. En la Tabla 4 se puede apreciar un ejemplo de tabla de evidencia de algunos de los estudios observacionales de tipo caso-control publicados en la literatura médica sobre la inactividad física como factor de riesgo de futuras fracturas de cadera en adultos, medidas mediante la disminución de la masa ósea. Los resultados de esta tabla de evidencia indican la presencia de diferencias en las características del diseño que podría explicar las diferencias observadas en los resultados de los estudios. El tipo de comparación usada al analizar el factor de riesgo, la mayor proporción de mujeres, una mayor edad media y los factores de ajuste utilizados podrían explicar las variaciones observadas en el efecto de la inactividad física sobre la fractura de la cadera.
    Después de la presentación de los resultados, la siguiente fase es la clasificación de la evidencia científica según la calidad del diseño.
    En ocasiones , el hecho de que el procedimiento o intervención evaluada se encuentre en las primeras etapas de aplicación clínica reduce las posibilidades de esta clasificación a un solo nivel ya que sólo existen series clínicas (nivel VIII, baja calidad).

    TABLA 4
    Tabla de evidencia de estudios caso-control sobre la inactividad física como posible factor de riesgo de fractura de cadera en adultos

    Estudio y año Tamaño muestra (casos)

    Edad

    Sexo

    Tipo de comparación

    RR/OR (95% IC) factores de ajuste

    Cooper C, et al.,1988
    240
    >50
    Hombres y mujeres Actividades productivas como trabajos de la casa o el jardin (1-2 vs. 5) 3,3 (1,9-5,7) BMI, tabaco, alcohol, AVC y corticoides
    Michel BA, et al, 1993
    227
    54±0,4
    879 mujeres y 231 hombres Actividad (por disminución de 1 hora/dia) 1,05(1,00-1,10) diagnóstico de osteoporosis, duración tratamiento corticoide, incapacidad, sexo y duración de la enfermedad
    Coupland C, et al.,1993
    197
    >50
    85,3% mujeres Tareas productivas/ trabajos de casa (1 -4 horas vs.>4 horas 7semana) 2,0 (0,6-6,6) edad, sexo, IMC, tabaco, alcohol, dependencia para las actividades diarias
    Cumning RG, et al, 1994
    209
    >65
    Hombres y mujeres Actividad física deportiva (a los 20 años, ninguna vs. actividad mediana) 0,83 (0,5-1,43) edad y sexo
    Jaglal S, 1995
    331
    55-80
    Mujeres Actividad en el tiempo libre (inactiva vs. muy activa) 2,44(1,43 4,17)
    Johnell  O, et al, 1995
    2.086
    78,1±9,4
    Mujeres Actividad física y recreativa a cualquier edad (no vs. sí) 1,32 (1,44 1,52) centro, edad y IMC

    Por otra parte, al tratarse de clasificar estudios que analicen pruebas diagnósticas, se pone de manifiesto una limitación de esta escala. En aplicaciones de este tipo, donde los resultados de las pruebas diagnosticas, normalmente se comparan con estándares de referencia, los estudios observacionales como el de cohortes o el de caso-control representan los mejores diseños a considerar. Así pues, se deberá considerar que, en determinadas ocasiones, sólo se pueden encontrar estudios situados en un determinado nivel de la escala de la evidencia científica. Sin embargo, el nivel máximo de la calidad lograda no depende de la evidencia científica existente sino del objetivo de la RSEC. Es decir, que en ocasiones la calidad de la evidencia científica disponible sea de bajo nivel no permitirá obtener conclusiones sobre su adopción basadas en un adecuado nivel de evidencia científica. 0 lo que es lo mismo, se requerirán estudios de buena calidad según criterios de validez interna para poder emitir recomendaciones basadas en la evidencia científica.

    Por contra, en el caso de las pruebas diagnósticas, dado que el objetivo de éstas no permite el diseño de un estudio controlado y aleatorio (niveles I - II), los estudios del nivel siguiente (III) ya permitirán concluir que existe adecuada evidencia científica para recomendarlas si los valores de sensibilidad y especificidad son aceptables y, sobre todo, si los valores predictivos son los adecuados.

    No obstante, ya se ha comentado que, en determinadas evaluaciones, como en las que se estudian pruebas diagnósticas o factores de riesgo, los estudios controlados y aleatorizados no son el diseño estándar de elección y, sin embargo, también es necesaria la obtención de una medida global cuantitativa que sintetice los resultados de los estudios existentes. En este sentido y teniendo en cuenta sus limitaciones, también se han realizado metaanálisis de estudios observacionales que han permitido llegar a medidas globales de sensibilidad y especificidad.


    Este informe ha sido mínimamente adaptado a partir de : Aymerich M., Estrada MD, Jovell AJ. Revisión Sistemática de la Evidencia Científica. En Evidencia Científica y Toma de Decisiones en Sanidad. Monografías Médiques de lÁcademia de Ciéncies Médiques de Catalunya i de Balears. Ed: Jovell y Aymerich. Barceloma 1999, 93-105.